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El Profeta Muhammad en el Evangelio

El Profeta Muhammad en el Evangelio
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El Profeta Muhammad en el Evangelio

El Profeta Muhammad en el Evangelio

Autor: M. Fethullah Gülen

Capítulo del libro Un análisis de la Vida del Profeta: Muhámmad, el Mensajero de Dios, publicado por la editorial La Fuente

Los Evangelios

De manera más enérgica y frecuente que cualquier otro Profeta, Jesús dio buenas nuevas sobre Muhammad. En el Evangelio de Juan, Jesús promete su llegada utilizando varios nombres:

Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Paráclito no vendría a vosotros; mas si me fuera, os lo enviara. Y cuando él venga, convencerá al mundo de la culpa de los pecados, de la justicia y del juicio (Juan, 16:7-8).

Aquí, el Profeta Muhammad es mencionado como el Paráclito. Esta palabra griega significa «el que distingue la Verdad de la Falsedad». Los comentaristas cristianos le han dado varios significados, según la edición de la Biblia, como por ejemplo Consejero («Gideons International»), Ayudante (American Bible Society), o Consolador («Company of the Holy Bible»), y afirman que es una alusión al Espíritu Santo. Pero nunca han podido establecer si el Espíritu Santo descendió después de Jesús e hizo lo que dijo Jesús que haría.

Si, según los cristianos, el Espíritu Santo es el Arcángel Gabriel, él de hecho vino muchas veces ante la presencia del profeta Muhammad para llevarle las Revelaciones Divinas. Además, Jesús mencionó y predijo al Paráclito con otros nombres, pero con la misma función:

Cuando venga Paráclito, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí (Juan 15:26).

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Cuando venga el Espíritude verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará de todo lo que haya oído, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber (Juan, 16:12-14).

No hablaré ya mucho más con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí (Juan, 14:30).

¿Quién ha venido después de Jesús sino el profeta Muhammad, como Consolador que ha confortado a tantos seres humanos ayudándoles a afrontar su miedo a la muerte, sus preocupaciones sobre el futuro y las enfermedades espirituales? Como Ayudante, ¿quién ha ayudado a la humanidada alcanzar la verdadera paz y la felicidad en ambos mundos? Como Príncipe del mundo, ¿quién ha gobernado casi la mitad del mundo durante catorce siglos y se ha convertido en el ser más querido de miles de millones de personas? Como Espíritude verdad, ¿quién ha atestiguado a Jesús, le trajo la gloria reafirmando su Misión Profética contra la negación de los judíos y la falsa deificación de los cristianos y restaurando su religión en su pureza prístina por el Libro revelado a él?

Aunque Jesús y otros Profetas predijeron la llegada de Muhammad, y mientras muchos cristianos creyeron en él y se hicieron musulmanes unas décadas después de su muerte, ¿qué defectos le atribuyen algunos cristianos occidentales al profeta Muhammad, persistiendo en negarlo? Mawlana Yalaluddin Rumi, un gran santo sufi, expresa en la estrofa siguiente las buenas nuevas encontradas en el Evangelio sobre el profeta Muhammad:

En el Evangelio, Mustafa —Muhammad— es mencionado con todos sus atributos. El misterio de todos los Profetas está en él; él es un portador de felicidad. El Evangeliolo menciona con su forma y rasgos externos, y también con sus virtudes personales y cualidades proféticas.

El Antiguo y Nuevo Testamento, a pesar de la autenticidad discutible de sus versiones actuales, todavía contienen referencias al profeta Muhammad. Hemos citado algunas de éstas. Si un día las copias originales o las menos alteradas de la Toráh y del Evangelio salieran a la luz, contendrían referencias explícitas al Último Mensajero. Esto se puede deducir de las Tradiciones Proféticas que dicen que el Cristianismo será purificado de sus elementos prestados. (Bujari, «Enbiya», 49; Muslim, «Iman», 244-247)

Fuente: http://www.editoriallafuente.es/

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