El ser humano es un prisma que refracta la Luz Divina

Por: Redacción

Una metáfora para entender qué es el hombre es que el ser humano es un prisma que refracta la Luz Divina y esta aparece en diferentes formas en su vida. 

¿Qué significa ser humano? Esta es una cuestión a lo que siempre estamos dando alguna respuesta, seamos conscientes de ello o no. Dado que somos humanos nuestras acciones siempre dicen algo sobre nosotros, siempre estamos diciendo algo sobre lo que creemos que es un ser humano.

Pero no siempre somos consistentes. Todos los días actuamos como si los seres humanos fueran diferentes tipos de cosas: titulares de derechos, criaturas razonables, agentes morales, objetos sexuales, etc. A veces depende del lugar: en la consulta del médico, por ejemplo, se considera en gran medida a un ser humano en términos físicos (estamos allí porque algo está mal en nuestros cuerpos y queremos que nos curen), mientras que en el trabajo, el ser humano es concebido en gran medida en términos económicos.

¿Es esta aparente falta de coherencia en lo que es un ser humano algo malo? ¿Es el signo de una cultura superficial y poco reflexiva, o simplemente el reflejo de genuinas diferencias en la creación? ¿Tratar a las personas de manera diferente en diferentes situaciones es una señal de hipocresía (ponerse una máscara o actuar), o verdadera humildad y creencia (tratando de “ser todo para todas las personas”)?

Como creyentes nos enfrentamos a estas preguntas y tal vez más amenudo que la mayoría. Pero puede que lo estemos enfocando mal y que no sea algo malo. Dice el Hadiz que “Allah creo al hombre a su imagen”. Una forma de entender esto puede ser que el ser humano tiene la capacidad de reflejar los atributos de Dios. Y Allah dice en el Corán que:

Allah es la luz de los cielos y la tierra. (Quran, 24:35)

Pero quizás “reflexión” no sea la mejor manera de pensar en nuestra relación con Dios. Después de todo, la reflexión no afecta la superficie reflectante: en la reflexión, la luz simplemente rebota en la superficie, no la penetra en absoluto.

Una mejor metáfora podría ser la refracción. Pensemos en ello como un rayo de luz que brilla a través de un prisma. Quizás hayas comprobado esto en alguna clase de ciencias de la escuela secundaria y estés familiarizado con lo que sucede.

Por un lado, tienes un haz sólido de luz blanca. En el otro lado del prisma, ese haz de luz sólido se “refracta” en todos los diferentes colores del arco iris. Pero el arco iris no es algo diferente al rayo de luz blanca: es exactamente como se ve la luz al otro lado del prisma. Por un lado, parece unificado, por el otro, parece un montón de cosas diferentes, pero en última instancia, ambos lados son luz. El prisma lo ha cambiado, pero no en algo diferente. El prisma cambia no lo que es la luz, sino cómo la ve a un tercero.

Creo que esta es una buena analogía de lo que es ser un ser humano. Dado que estamo “hechos a la imagen”, los humanos fueron creados para ser el prisma: el espíritu fluye por nuestros corazones, y ese espíritu se manifiesta en cada cosa que hacemos. Estamos llamados a ser el “prisma” a través del cual el resto de la creación contempla a Dios.

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