El significado de los ritos del Hajj

Por: Shaij Abdalqadir

El Corán dice:

Allah ha instituido la Ka´ba, la Casa Inviolable, como un pilar para los hombres, así como los meses inviolables, las ofrendas y las guirnaldas. Esto es para que sepáis que Allah conoce lo que hay en los cielos y en la tierra y que Allah es Conocedor de todas las cosas. Y sabed que Allah es Fuerte en el castigo y que Allah es Perdonador y Compasivo. (La mesa servida, 5:97-98)

Y cuando preparamos para Ibrahim el lugar de la Casa: No asocies nada conmigo, purifica Mi casa para los que dan vueltas alrededor de ella y los que rezan en pie, inclinados y postrados. Y llama a la gente a la Peregrinación, que vengan a ti a pie o sobre cualquier montura, que vengan desde cualquier remoto camino. Para que den testimonio de los beneficios que han recibido y mencionen el nombre de Allah en días determinados sobre los animales de rebaño que les ha proporcionado. Así pues comed de ellos y alimentad al desvalido y al necesitado. (La Peregrinación, 22:26-29)

Y llevad provisiones, aunque la mejor provisión es el temor (de Allah). Así pues guardaos, vosotros que entendéis la esencia de las cosas. (La Vaca, 2:197)

Igual que con la práctica básica del Salat, descubrimos de nuevo que hay un aspecto de los ritos que es purificación o separación, y otro aspecto que es un acto de Tawhid y reunión. Del mismo modo que el wudu y el ghusl preparan el camino para el acto de la postración, y al igual que el Salat tiene un mínima base de prácticas diarias obligatorias que se extiende hasta el nawafil, o actos extra de postración, llegando a su clímax en Ramadán con el acto del Tarawih, acto cuya traducción literal es la de “convertirse en espíritu” o espiritualizarse a uno mismo -y este acto intensifica el clímax en la Noche del Poder cuando la totalidad del Corán se recita durante esta noche-,  del mismo modo que todo lo anterior, el Hajj conduce al peregrino a través de una serie de prácticas que, externamente le fortifican, agotan y destrozan, al tiempo que, internamente, le llenan de luz. Para esto difíciles y abrumadores actos, la separación necesaria es aún mayor que para el simple acto de la postración.

Al comienzo de los ritos del Hajj, los hajjis tienen que lavar su cuerpo por entero para ponerse el ihram; a partir de ese instante ya están bajo las obligaciones del Hajj. Estas son: no cortarse las uñas ni quitar un solo pelo del cuerpo o la cabeza; no matar o incluso desalojar cualquier criatura viva que llegue al cuerpo; no hace el amor; no discutir y no enfadarse; no comerciar; no cazar cuando se está dentro de la zona purificada del Hajj; hay que realizar todos los ritos del Hajj dentro de los límites temporales especificados para cada acto.

Lo que la Shahada o Afirmación del Islam significa para el momento; lo que el Salat es para el día, lo que Ramadán y Zakat son para el año, el Hajj lo es para la vida entera. Es un compendio de todos los actos de Dhikr que el musulmán ha estado llevando a cabo durante su vida, y es una ritualización del acto de vida en sí. Es movimiento, es esfuerzo y agotamiento; cansado y cubierto de polvo -cuanto más destrozado esté el peregrino, más se le llenará el corazón de éxtasis y de luz. Al inicio de los ritos, los peregrinos están frescos, alegres y contentos consigo mismos por el hecho de ser hajjis; al final, cuando se arrastran dando traspiés para regresar al punto de partida que es la Kaaba, están aturdidos, desconcertados, sobrios e iluminados.

Los tres grandes actos del Hajj son: la circunvalación de la Casa de la Kaaba, la carrera entre Safa y Marwa y la permanencia en Arafat. La circunvalación de la Casa puede hacerse tantas veces como quiera el peregrino, aunque algunos tawaf, nombre que designa la circunvalación, son obligatorios. El Corán designa la Casa como el primer lugar de adoración utilizado por la raza humana. En la tierra no hay lugar más purificado ni edificio más iluminado. “La Kaaba -dijo el Mensajero, que Allah bendiga y le conceda paza- es una de las joyas del Jardín”. Es el mizal del Kursi, el Cielo sin estrellas que abarca el universo de las galaxias. Al igual que los Ángeles de Luz circunvalan el Trono, asimismo hacen los peregrinos en torno a la Kaaba. Circunvalar la Kaaba es, según la frase del Maestro más Grande, “estar en el corazón de la existencia del mundo”. Un tawwaf se completa con siete circunvalaciones a la Casa -a continuación le siguen dos rakas en la Estación de Ibrahim, que está situada cerca de la Kaaba junto a la Esquina de la Piedra Negra.

El otro acto importante que se lleva a cabo en Meca es el saii, la marcha entre las dos rocas de Safa y Marwa. Esto es la reconstrucción de las acciones de Agar en su búsqueda desesperada de agua para su hijo Ismail, el mismo que más tarde ayudó a su padre Ibrahim en la construcción de la casa dedicada al Uno. Se dice que Agar corrió en vano entre estas dos rocas buscando agua. Cuando abandonó la búsqueda se desplomó en el suelo, surgió ante ella la fuente de Zam-Zam. Beber de este agua es también otra de las prácticas del Hajj. Uno de los milagros del Hajj es que este pozo sube de nivel cada vez que llega la época de Hajj, bajando de nuevo cuando esta se acaba. Durante este periodo, el pozo da agua a más de un millón de personas, hecho más extraordinario si se considera que la época del Hajj avanza cada año según el movimiento del calendario lunar.  El rito del Saii se hace andando con un paso vivo que, a mitad de camino se transforma en carrera para de nuevo descender el ritmo hasta un rápido caminar. Cada vez que se llega a Safa procedente de Marwa y viceversa, hay una parada en el camino, y en cada una de ellas te une a los otros hajjis en la invocación “Allahu Akbar” como para que te sirva de recuerdo en la carrera.

Cuando el peregrino comienza el Saii, se une a un río de gente en movimiento entre las dos rocas, un río sin fin. Cuando uno cae en ese mar de actividad que va de acá para allá y de allá para acá, y cuando ese océano de caras baña tu alrededor -algunas que se ven una y otra vez, otras solo una vez y nunca más- entonces la rítmica carrera de uno a otro lugar, asume el momento de la actividad que ha gobernado toda una vida de olvido y distracción. Todos lo conflictos y preocupaciones de la existencia, todo ese ir y venir,  se condense en siete terribles carreras entre A y B y el regreso de B a A. Siete vueltas bastan para que todas las series de idas y venidas contenidas en la vida de cada uno se hagan presentes ante el propio y palpitante corazón.

Ahor puede verse ya la sencillez y profundidad de los ritos del Hajj. El diseño de los dos primero es un círculo y una línea recta. Para el hajji resulta evidente que el saii trata de la existencia y el tawaf trata de la realidad de Allah y la no-existencia del esclavo.


Fuente: Extracto del libro ‘El camino de Muhammad‘, del mismo autor

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