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Muhammad: un ejemplo de coexistencia y moderación

El comportamiento del Profeta cuando entró en Meca es un ejemplo de moderación
El comportamiento del Profeta cuando entró en Meca es un ejemplo de moderación
El comportamiento del Profeta cuando entró en Meca es un ejemplo de moderación

El comportamiento del Profeta cuando entró en Meca es un ejemplo de moderación

Por: Tariq Ramadan

El Día de la Misericordia

La mayoría de historiadores han transmitido que el Profeta entró en Meca el día 20 o 21 de Ramadán del octavo año desde la Hijrah (630 D.C.).

El Profeta Muhammad, que al paz sea sobre él, había colocado su ejército alrededor de la ciudad. Un grupo de Quraish, liderado por Suhayl, Ikrimah and Safwan, intentaron oponerse desde las colinas, pero pronto se dieron cuenta de que era inútil y abandonaron la resistencia.

Suhayl se refugió en su casa y Safwan e Ikrimah huyeron. El Profeta había ordenado que no tuviese lugar ningún tipo de batalla ni lucha en ese día, el cual es llamado “El Día de la Misericordia” (As-Sirah An-Nabawyyah)

Hacia ocho años que el Profeta había tenido que huir de Meca a escondidas, pero con dignidad y la cabeza alta. El Profeta volvía ahora a Meca en plena luz del día, victorioso, pero postrándose en su montura en agradecimiento a Dios mientras recitaba los versos del Sura “Al-Fath” (La apertura):

Ciertamente te concedimos [¡Oh, Muhammad!] una victoria evidente [el pacto de Hudaibiiah, con los idólatras en el año seis de la Hégira]. Allah te perdonará [¡Oh, Muhammad!] las faltas que cometiste y las que pudieses cometer, completará Su gracia sobre ti, te afianzará en el sendero recto, y te socorrerá grandiosamente. Él es Quien hizo descender el sosiego en los corazones de los creyentes para aumentarles la fe. A Allah pertenecen los ejércitos de los cielos y de la Tierra; y Allah es Omnisciente, Sabio. (Corán, 48:1-4)

Entró en Meca mostrando la más profunda humildad y exigió que se mostrara una bondad completa a quienes hasta ese momento habían sido los enemigo acérrimos del Islam. El Profeta, la paz sea con él, hizo la ablución mayor y realizó ocho ciclos de oraciones voluntarias antes de descansar por una horas.

Después de eso, montó en su camello, Qaswaa, y fue al Kaaba, donde llevó a cabo ocho circunvalaciones. Luego, con su bastón, fue tirando los ídolos mientras recitaba: Ha triunfado la Verdad y se ha disipado lo falso, pues lo falso siempre se desvanece. (Corán 17:81)

Se le entregaron las llaves de la Kaaba y pidió que todas las imágenes religiosas fuese destruidas, para así reconciliar la Casa de Dios con su esencia, que no era sino celebrar la adoración del Dios Único, quien no puede ser representado y a quien no se debe asociar ninguna imagen.

No hay nada ni nadie semejante a Allah, y Él es Omnioyente, Omnividente. (Corán 42:11)

El significado de la destrucción de esto ídolos, en esencia, era el destruir lo que en el curso de los siglos había pervertido la adoración del Trascendente.

Con este acto el Profeta Muhammad, que la paz sea con él, hizo de la Kaaba una mezquita, en la que desde ese momento solo el Dios Único sería adorado.

La gente de los Quraish se fue reuniendo poco a poco en el perímetro del recinto de la Kaaba. Después de destruir lo ídolos el Profeta exclamó: “No hay Dios sino Dios, el Único sin asociados”.

“Él ha cumplido Su promesa, apoyado a Su siervo y ha hecho desaparecer a los enemigos. Solo Él ha hecho esto. (Ibn Hashim, As-Sirah An-Nabawyyah).

Luego se volvió a lo Quraish, le explicó los pilares del Islam y recitó el siguiente verso:

¡Oh, humanos! Os hemos creado a partir de un hombre [Adán] y una mujer [Eva], y [de su descendencia] os congregamos en pueblos y tribus para que os conozcáis unos a otros. En verdad, el más honrado de vosotros ante Allah es el más piadoso. Ciertamente Allah es Omnisciente y está bien informado de lo que hacéis. (Corán, 49:13)

Después de esto les preguntó cómo creían que les iba a tratar. Ellos respondieron: “Como un noble hermano, hijo de una noble hermano”. Y ciertamente, que fue así como lo hizo (Ibn Hashim, As-Sirah An-Nabawyyah).

El Perdón y la Moderación

En ese momento el Profeta recitó los versículos que cuentan la historia del Profeta Yusuf (José), cuando fue reunido con sus hermanos que habían intentado matarle: “Dijo [José]: No seréis censurados en nada hoy; Allah os perdonará, y Él es el más Misericordioso». (Corán, 12:92) Luego les dijo: “Seguid con vuestro asunto, sois libres” (Ibn Hashim, As-Sirah An-Nabawyyah).

El Profeta perdonó a todo hombre y mujer que fue a él o alguno de sus compañeros. Wahshi ibn Harb, quien había matado a Hamza, el tió del Profeta, también fue perdonado, pero el Profeta le pidió que no volviese a su presencia en le futuro.

Mucho de los Quraish se hicieron musulmanes en el monte de As-Safa con Umar. Hacia unos años, el Profeta había sido llamado mentiroso en el mismo lugar. Cuando Ikrimah ibn Abi Jahl (uno de los más acérrimos enemigos del Profeta) fue a ver al Profeta, este advirtió a sus compañeros: “Ikrimah, el hijo de Abu Jahl, viene a vosotros como un creyente. No insultéis a su padre, puesto que insultar a los muertos daña a los vivo sin perjudicar a la muertos”.

De esta manera no solo les recordó que le perdonasen, sino que nadie puede ser hecho responsable de los errores de otros, ni siquiera los de su padre. Tal y como dice el versículo del Corán: Nadie cargará con los pecados ajenos (17:15). La prudencia era requerida, además de un alma noble.

El Profeta se quedó en Meca durante dos semanas hasta que la situación se calmó y empezó a volver a su curso normal. Mandó algunas expediciones para asegurarse que las relaciones con las tribus vecinas eran sólidas y que aquellos que habían aceptado el Islam habían dejado la adoración de ídolos.

A su retorno a Medina, el Profeta había tomado la ciudad de Meca, cuyos habitantes habían sido sus peores enemigos, sin derramar sangre y de la forma más humilde. Había perdonado a todos sus habitantes, incluso aquellos que habían matado a miembros de su familia o torturado a musulmanes anteriormente. Había erradicado las falsas creencias en ídolos y les había dado la creencia en el Dios Único, el Dios de Musa (Moises) e Isa (Jesús).


Este artículo es un extracto del libro del autor Tras los pasos del Profeta, traducido con ligeras modificaciones editoriales por New Muslims.

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