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Kosovo y el mosaico de los Balcanes

Kosovo countryside
Kosovo countryside
Paisaje de Kosovo

Paisaje de Kosovo

La región de Kosovo junto con los estados serbios y Albania pasó a formar parte del Califato Otomano en 1455 y el valiato de Kosovo data de 1875 como una de las entidades territoriales otomanas, aunque sus fronteras eran un poco diferentes a las del Kosovo actual.

El Califato Otomano trajo el Islam a la tierra de los Balcanes y el pueblo  albanés, así como el bosnio se convirtieron mayoritariamente al Islam. Igual que había sucedido en Al-Ándalus, también aquí, los cristianos ortodoxos que prefirieron mantener su religión (serbios en su mayoría) nunca fueron obligados a renunciar a ella y se les permitió mantener sus costumbres y autoridades religiosas y muchos de ellos prosperaron con los otomanos.

Entre 1683 y 1699, Kosovo fue tomada temporalmente por las fuerzas austriacas con ayuda de los serbios, pero el califato acudió en su ayuda siendo derrotados los austriacos y obligados a replegarse.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX la región fue nuevamente desestabilizada como resultado de los movimientos nacionalistas propiciados por el nuevo orden mundial emergente. Esto y otras causas de tipo económico terminó con el Califato Otomano así como con el gobierno de las grandes casas monárquicas de toda Europa.

El resultado de esta época fué, primero la ocupación de los Balcanes por parte del Imperio socialista de la Unión Soviética como resultado del reparto con que dió fin la segunda guerra mundial, con el muro de Berlín como símbolo emblemático y la consabida represión ejercida por los comunistas sobre los pueblos dominados hasta que llegó el desmembramiento de la misma.

Después, junto a la instauración de lo que se ha dado en llamar “democracia” como modelo de gobierno global, asistimos cotidianamente al desgarro continuo de los pueblos musulmanes en cualquier parte del globo terrestre en que estén situados; desde Kosovo o Bosnia hasta Afganistán o Iraq, las grandes potencias se reparten el pastel de los pequeños nacionalismos musulmanes a los que la caída del Califato dejó sin protección.

Sin la protección del Califato los pueblos musulmanes han quedado a expensas de convertirse en vasallos de los grandes Imperios Modernos que rápidamente envían a sus emisarios, en forma de ejecutivos de las grandes entidades financieras, para proveerles de todo tipo de mejoras e infraestructuras a cambio de dejarles endeudados y apropiarse de todas sus riquezas durante los próximos 50 años. Esto, por supuesto, conlleva aparejado a la deuda la aceptación de devolver el favor siempre que sea requerido.

La alternativa, o mejor dicho la negativa a este vasallaje es la llegada de agentes de inteligencia en el lugar de los ejecutivos financieros, que someterán al país a la constante inestabilidad, a la guerra y a la miseria.

Vivimos en una época en la que detrás de la defensa de una falsa democracia, se ocultan manipulaciones que permiten a algunos imponer su voluntad sobre otros a toda costa,  sea anulando elecciones que proclaman a gobiernos que no son de su gusto, sea introduciendo y pagando lo que ellos mismos han dado en llamar “islamistas fundamentalistas”, que nada tienen que ver con verdaderos musulmanes o alimentando dictadores hasta que dejan de ser útiles a sus intereses.

Mientras que en las tierras donde el Islam ha ejercido su gobierno históricamente, siempre ha habido convivencia y respeto hacia los no musulmanes, parece que la tolerante democracia actual no encuentra otra solución en los territorios de mayoría musulmana, que la división y el reparto de la tierra entre diferentes etnias.

Como ya se ha visto en el caso de Paquistán y la India, esta solución en lugar de ser tal, es fuente incesante de mayores divisiones y revueltas y en el caso de los Balcanes está permitiendo a la OTAN ejercer una especie de protectorado que recuerda mucho los antiguos colonialismos.

Mientras tanto siguen sin enfrentarse los verdaderos conflictos sin resolver: violaciones, crímenes y atrocidades que aún no han sido convenientemente juzgadas ni castigadas.

Pero ya conocemos la famosa frase: “divide y vencerás” y los grandes imperios de nuestra época no desaprovechan la oportunidad de seguir alimentando su insaciable voracidad y avaricia, mientras se permiten criticar formas de gobierno –como el Califato Otomano- que trajeron durante siglos paz y prosperidad a los musulmanes y a sus vecinos.

Fuente: www.islamhoy.com

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