Lo que la Sadaqa evita al que la da

Por: Nasr Ibn Muhammad Ibn Ibrahim As-Samarqandi

Dice el alfaquí Abul-Laiz as-Samarqandi, que Allah haya tenido misericordia de él: “Nos relató Abdullah Ibn Habbán al-Bujari: Nos relató Abu Yafar al-Munadi al Baghdadi: “Nos relató Ibrahim ibn Muhammad, de Ash’az al-Harani, de Abul-Faray al-Azadi, que Isa ibn Mariam, sea con ambos la paz, pasó por una aldea y en aquella aldea había un blanqueador de ropa y la gente de la aldea dijo: “¡Isa!, este blanqueador nos desgarra la ropa”. Y dijo Isa, sea con él la paz: “¡Oh Allah! No lo devuelvas con su fardo de ropa”. Dice: “Y se marchó el blanqueador para blanquear la ropa y se llevó tres hogazas de pan. Entonces vino a él una anacoreta que estaba dedicado a la oración en aquella montaña y saludó al blanqueado y le dijo: “¿Tienes algo para darme de comer o algo que me puedas mostrar y pueda verlo y olerlo, porque no he comido pan desde hace tanto?”. Y le dio de comer una de las hogazas. Y dijo el anacoreta: “¡Blanqueador!, que Allah perdone tu falta y purifique tu corazón”. Y entonces le dio otra hogaza. Y Dijo: “¡Blanqueador! Que Allah te perdona tus faltas pasadas y las venideras. Dice: “Y le dio la tercera y dijo: “¡Blanqueador! Que Allah te construya un palacio en el Jardín”. Y regresó el blanqueador por la tarde y a salvo. Y dijo la gente de la aldea: “¡Isa! El blanqueador ha vuelto”. Y dijo: “Llamadlo”. Y cuando vino a él le dijo: “¡Blanqueador! Cuéntame que ha hecho hoy. Y dijo: “Vino a mi uno de los anacoretas que andan por esas montañas y me pidió de comer y le di tres hogazas de pan. Y por cada una de ellas que la daba pedía por mi”. Entonces dijo Isa, sea con él la oración y la paz: “Tráeme el fardo que lo vea”. Y se lo trajo, lo abrió y había en él una víbora negra con un bozal de hierro. Y dijo Isa, sea con él la oración y la paz: “¡Negra! Dijo: “¡A tu servicio, profeta de Allah!”. Dijo él: “¿acaso no has sido enviada a este?”. Dijo: “Sí, pero fue a él un anacoreta de estas montañas y le pidió comer y por cada hogaza que le dio, él pidó por él una cosa mientas un ángel, de pie, decía: “Amin”. Y entonces Allah, sea Ensalzado, me envió un ángel que me puso un bozal de hierro”. Y dijo Isa, sea con él la paz: “¡Blanqueador! Vuelve a empezar tu trabajo, pues Allah te ha perdonado por la baraka de la sadaqa que le diste”.

De Salim Ibn Abi al-Ya’d, que dijo: “Salió una mujer que llevaba un niño que tenía, y vino un lobo y se llevó al niño, a hurtadillas. Entonces salió en su busca y llevaba consigo una hogaza de pan y en estas se le presentó un pedigüeño, y se la dio. Y entonces vino el lobo con su niño y se lo devolvió. Y se oyó una voz que decía: “Un bocado por otro bocado””.

De Mughiz Ibn Sumay que dijo: “Un monje de los hijos de Israil que había estado dedicado a la adoración en una ermita durante setenta años, un día miró después de haberse aclarado el cielo y le gustó la tierra y se dijo: “Y si bajara a la tierra y anduviera por ella y la contemplara”. Y bajó llevando con él una hogaza de pan. Entonces se le presentó una mujer y se descubrió ante él y quedó seducido por ella y sin poderse contener la poseyó, y esta situación le llegó la muerte. Entonces vino a él un pedigüeño y le dio la hogaza y a continuación murió. Y se trajeron las obras de los setenta años y se pusieron en un plato de la balanza y se trajo su falta y se puso en el otro plato de la balanza y su falta pesó más que las acciones de los setenta años hasta que se trajo la hogaza y se puso con sus obras y entonces pesó más que su falta”.

Y se ha dicho que la sadaqa protege conte setenta puertas del mal.

Y de Abu Dharr al-Ghifari, que Allah esté complacido con él: “No hay sobre la Tierra sadaqa que sea dada por la que no se rompan las mandíbulas de setenta demonios que la impedían todos ellos”.

Y de Qatada que dijo: “Se nos mencionó que la sadaqa apaga las faltas como el agua apaga el fuego”.

Y se ha transmitido de Aisha, que Allah esté complacido con ella, que un día estaba sentada, cuando vino a ella una mujer que ocultaba la mano en l manga y le dijo Aisha, que Allah esté complacido con ella: “¿Por qué no sacas la mano de la manga?”. Dijo: “No me preguntes, madre de los creyentes”. Y dijo Aisha, que Allah esté complacido con ella: “Tienes que decírmelo”. Y dijo la mujer: “¡Madre de los creyentes! Yo tenía mis padres y mi padre amaba dar sadaqa pero mi madre odiaba dar sadaqa y nunca la vi dar sadaqa excepto un trozo de grasa y una ropa raída, y cuando ambos murieron vi en sueños como si hubiese tenido lugar el Día del Levantamiento y vi a madre de pie entre las criaturas y la ropa raída cubría su desnudez y en su mano tenía el trozo de grasa el cual lamía mientras decía: “¡Qué sed!”. Y vi a mi padre en el borde del Haud (el estanque del Profeta, al que Allah le dé su gracia y paz) dando de beber, y no había para mi padre una sadaqa más amada para él que el dar de beber agua. Entonces tomé un odre de agua y se lo di a mi madre y se exclamó desde arriba: “¡Quién le dé de beber de le quedará paralizada la mano!”. Y cuando desperté, la mano se me había paralizado”.

Y se ha mencionada que Malik ibn dinar, que Allah haya tenido misericordia de él, estaba sentado un día y vino un pedigüeño y le pidió algo. Tenía una cesta de dátiles y le dijo a su mujer: “Tráemela”. Y Malik la tomó y le dio la mitad al pedigüeño y le devolvió la otra mitad a su mujer. Y esta le dijo: “A alguien como tú se le llama desapegado. ¿Has visto a alguien que envíe a un rey un regalo roto?”. Entonces Malik llamó al pedigüeño y le dio el cesto. Luego volvió a su mujer y le dijo: “Esfuérzate, esfuérzate, pues en verdad Allah, sea Ensalzado dice: “Agarradlo y encandenadlo, luego haced que entre en el Yahim, luego apresadlo con una cadena de setenta codos”. Y alguien dijo: “¿A qué viene esta severidad?”. Dijo: “No creía en Allah, el inmenso, y no incitaba a dar de comer a los pobres” (Sura de La Verdad Indefectible, 30-34). Sabe mujer que nos hemos quitado del cuello la mitad de ella (de la cadena que se menciona en la Aleya) con la creencia y debemos quitarnos la otra mitad con la sadaqa”.

Dice: “Nos relató Muhammad Ibn Al-Fadl, con su cadena de transmisión, de un hombre de la gente de Basora, que dijo: “Había un beduino que tenía ganado y era de dar poca sadaqa. En una ocasión dio como sadaqa carne fresca de unos corderos y vio en sueños como si todo su ganado viniera hacia él a cornearle y la carne se puso a protegerlo. Y cuando se despertó, dijo: “¡Por Allah! Que si puedo, haré que sean mucho tus seguidores”. Dice: “Y después de ello solía dar y repartir”.

Se ha transmitido de Adi ibn Hatim, que Allah esté complacido con él, que dijo: “El Mensajero de Allah, al que Allah le dé su gracia y paz, dijo: “No hay ninguno de vosotros al que no vaya a hablarle su Señor. Y mirará a su derecha y no verá sino algo que adelantó (de buenas obras) y luego mirará a su izquierda y no verá sino algo que adelantó, luego mirará al frente y no verá sino el Fuego. Así pues guardaos del fuego aunque sea con la mitad de un dátil””.

Se dice que hay diez cualidad que llevan al siervo al rango de los mejores y por las que se alcanzan grados:

La primera de ellas es dar mucha sadaqa.

La segunda recitar mucho Corán.

La tercera sentarse con quine le recuerde la Otra Vida y le haga desapegarse de esta vida.

La cuarta es mantener los lazos de sangre.

La quinta es visitar a los enfermos.

La sexta es mezclarse poco con los ricos cuya ocupación sea prescindir de la Otra Vida.

La séptima es reflexionar mucho sobre lo que ha de venir el día de mañana.

La octava es tener pocas falsas esperanzas y acordarse mucho de la muerte.

La novena es aferrarse al silencio y hablar poco.

Y la décima es la humildad, vestir sin ostentación, y amar a los pobres y mezclarse con ellos, y estar cerca de los huérfanos y de los menesterosos y acariciar sus cabezas.

Y se dice que hay siete cualidad que hacen crecer la sadaqa y la engrandecen:

La primera de ellas es darla de lo lícito, porque Allah, sea Ensalzado, dice: “Gastad de las cosas buenas que habéis obtenido” (La vaca, 267)

La segunda es darla cuando cuesta hacerlo y teniendo poco.

La tercera es darla con prontitud temiendo que se pase la oportunidad.

La cuarta es depurarla por temo a la tacañería, es decir: darla de lo mejor que se tenga y no darla de lo más bajo, porque Allah, sea Ensalzado, dice: “No procuréis lo malo de ello para darlo cuando vosotros mismos no lo tomaríais excepto bajando los ojos, y sabed que Allah es Rico, Digno de alabanza” (La vaca, 267). “Cuando vosotros mismos no la tomaríais”, es decir: no tomaríais loa bajo si se tratara de un préstamo sobre otro en vuestro favor “a menos que bajarais los ojos”, es decir: fuerais permisivos y fáciles en ello.

La quinta es darla en secreto, por miedo a hacerlo para que lo vean los demás.

La sexta es evitar echarla en cara por temor a invalidar la recompensa.

Y la séptima es abstenerse de causar daño al que la recibe por temor al delito, porque Allah, sea Ensalzado, dice: “No invalidéis vuestra sadaqas echando en cara y perjudicando”. (La vaca, 264)


Fuente: Libro ‘Tanbih Al-Ghafilin’ (La llamad de atención a los descuidados) del mismo autor capítulo XXXVIII. Publicado por Madrasa Editorial.

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