Ser religioso sin ser un pelmazo

Ser religioso, buscar el conocimiento de la religión, no puede llevar a ser una pelmazos si lo hacemos por engrandecernos a nosotros mismos y no por agradar a Allah

Ser religioso, buscar el conocimiento de la religión, no puede llevar a ser una pelmazos si lo hacemos por engrandecernos a nosotros mismos y no por agradar a Allah

Por: Abdul Sattar Ahmad

No hay nada que tenga dulzura en ello sin que esto sea embellecido; y no hay nada tenga dureza y sea áspero en ello sin que esto lo haga feo. Por lo que se tranquila, oh Aisha. (Ahmad)

Estas palabras fueron dichas por nuestro Profeta, que la paz sea con él, a su esposa Aisha, que Allah esté complacido con ella.

En otra ocasión un grupo de personas pasaron por donde estaban el Profeta y Aisha y le dijeron: “As-sa’amu alykum (que la muerte sea con vosotros)”. Era un juego de palabras sobre “As-salamu alykum (que la paz sea con vosotros)”, con la intención de ridiculizar al Profeta. Aisha se enfadó mucho, se puso en pie y les respondió que la muerte debía de ser sobre ellos así como la maldición de Dios.

Mientras esto sucedía, el Profeta, que la paz sea con él, se volvió hacia ella diciéndole que se calmase y que no perdiese la compostura, incluso frente a un insulto personal. El Profeta era un pilar de tranquilidad entre un mar de caos. Aisha hizo esto por puro amor sincero por el Profeta. No por arrogancia y orgullo. Para ella, era un enfado a causa del amor que tenía y el deseo de proteger al Profeta de aquellos que le odiaban.

Desafortunadamente, muchos de nosotros reaccionamos de manera violenta y dura cuando nos encontramos con diferencias religiosas, especialmente con otros musulmanes, no por amor, sino por arrogancia. Cuando nos examinamos a nosotros mismo, especialmente aquellos de entre nosotros que somos estudiantes de las ciencias religiosas, o simplemente creyentes tratando de mejorarse a sí mismos, podemos hacer un trágica observación: la religiosidad muchas veces convierte a la gente en pelmazos.

Son muchos los que han visto esto. Un joven que solía ser amigable, con buenas maneras, quien trataba bien a la gente, se vuelve en alguien que se irrita cuando se encuentra con gente que sigue una opinión religiosas diferente. Se enfada cuando se encuentra con argumento en contra de su punto de vista. Y finalmente empieza a pronunciar juicios sobre otros -convirtiendo diferencias menores de opinión en pruebas de incredulidad. Cuando se les dice que se calmen, que no sean sentenciosos las respuestas suelen ser las siguientes:

  • “Hermano, estoy ordenando lo correcto y prohibiendo lo reprobable”
  • “Estamos defendiendo la Sunna”
  • “Cuando la gente es dura con la Sunna, nosotros somos duros con ellos”

Y parecidas…

Pero ¿Sobre qué asuntos discuten? No sobre la falta de servicios de consejo en la comunidad, ni sobre la dificultad de los jóvenes en proteger su creencia del ataque intelectual. Tampoco sobre los problemas de abusos domésticos, ni sobre la pobreza ni las rupturas familiares, que afectan a musulmanes y no musulmanes a nuestro alrededor.

Sino sobre la longitud de nuestro pantalones y sobre si están por encima o por debajo de nuestros tobillos, la longitud de nuestras barbas, el uso de miswak, etc. Puede que sobre la adherencia a un grupo o en particular o lo contrario. Lo que piensan sobre conceptos pseudo-filosóficos sobre la esencia de Dios. Esa dureza y aspereza no ocurre sobre los asuntos que afectan a la gente directamente, sino sobre desacuerdos entre las opiniones en nuestra mente. Sobre diferentes interpretaciones textuales que resultan en opiniones legales desconocidos para la mayoría de musulmanes.

¿Por qué ocurre esto cuando no hay casi nada más importante en nuestra religión que el someter nuestros egos al Poder y Unidad de Dios?

Ser religioso sin ser un pelmazo

Eso sucede porque en algún momento del camino en el esfuerzo para amar a Allah, el ego, la parte más innata de nuestra alma que continuamente busca el ser glorificado y exaltado sobre los demás, hace de nuestra religiosidad una herramienta para justamente eso. Uno de los propósitos de la religión es el de someter al ego a la Voluntad y la adoración del Creador.

Cuando decimos AllahuAkbar (Dios es el más Grande), el verdadero significado de esto, cuando exploramos su significado en la gramática árabe, es: “Dios es el más Grande sobre todas las cosas”, incluidos nuestro odios, pasiones, amores, deseos, debilidades, sueños, nuestras esperanzas, sobre la esencia de quienes somos. El éxito en alcanzar nuestros deseos es solo con Su permiso, y la fuerza para sobreponernos a nuestras debilidades es solo por Su misericordia. Esta frase está formulada para recordarnos la grandeza de Allah sobre nosotros y sobre todo elemento de nuestra vida. Reconoce el abrumador poder de Allah, exaltado Sea.

En el camino hacia la esclavitud y la realización del Poder de Allah, y Él como nuestro único objeto de adoración y amor, nuestro ego busca una salida para no tener que someterse a esas tribulaciones y destrucción; para no tener que dejar su posición como quien es alabado y se siente valioso por esto.

Ese ego básicamente secuestra la religiosidad de la persona y se la lleva por un desvío. ¿Cuál es el desvío? En vez de dejar que la naturaleza del Islam siga su curso, dejar que el alma se pierda en la contemplación de Poder y Majestad de Allah, de la naturaleza ilimitada de Su amor, de la amplitud magnánima de Su misericordia, la inconmensurable vastedad de Su conocimiento, el cuidado y afecto que hace descender sobre Su creación, el ego lleva al alma por un desvío hacia el amor a sí misma.

Cuando el ego comienza a amarse a sí mismo, se vuelve insatisfecho no solo con Dios, sino también con la creación de Dios. Ve su conocimiento, opinión y cosmosivión como superior a todas las demás. Para mantener un falsa noción de humildad, fingirá ser humilde en el exterior: “no soy nadie, no sé nada” dirá, mientra que de forma secreta alberga el desprecio para todo aquellos que tienen diferentes opiniones o ideas sobre el Islam. Es fácil reconocer esta tendencia en nosotros mismos. Suele pasar cuando nuestro discurso y vocabulario se vuelve menos sobre adorar  y amar a Allah, amar a Su Mensajero, mejorarnos a nosotros mismos y más sobre puntos intrincados de la jurisprudencia, sobre cosas irrelevantes ante otros problemas más urgente o sobre la pertenencia a un grupo u otro.

Cuando la religión se vuelve más sobre cómo las prácticas de una persona no nos agradan (aunque estemos en lo correcto al expresar la posición ortodoxa) que sobre cómo podemos agradar a Dios, entonces en cuando la religión se ha convertido en una herramienta para sentirnos mejor sobre nosotros mismos.

Esto no significa que tengamos que dejar la crítica legítima en el discurso religioso. Ni que los finos puntos de la jurisprudencia no sean importantes, en contexto. Sino que “Ordenar lo reconocido y prohibir lo reprobable” significa que tenemos un interés activo en nuestras comunidades y en el esfuerzo en desarrollar nuestras comunidades y nuestras prácticas religiosas de una forma que es natural, sana y que permite a los musulmanes de diferentes orígenes a ser incluidas a y que los no-musulmanes se sientan bienvenidos.

Es el momento de examinar nuestro sentimiento y motivos más profundos a la hora de criticar y de desplegar la negatividad: “¿Estoy haciendo una crítica porque mi crítica será constructiva y va a ayudar a mejorar la comunidad o la persona en lo que digo y cómo lo digo y va a prevenir el mal y traer beneficio? O ¿estoy criticando para poner a alguien en ridículo, hacerme sentir mejor y demostrar mi conocimiento ante los demás?

Responder a esta pregunta de forma sincera y correcta, será lo que marque la diferencia entre ser un pelmazo religioso y servir a Dios.

______________

Fuente: www.virtulamosque.com Traducido con ligeras modificaciones editoriales por New Muslims

Related Post